DE LA A HASTA LA Z (Autor Victor R. Francia)



El Universo está hecho de una palabra única, que es el único pensamiento que abarca al resto de los pensamientos. De una idea, encerrada dentro de otra y ésta a su vez anidada en otra mayor, y así sucesivamente, en una regresión infinita, indeterminable. Pues existe una réplica de este fenómeno fractal, el desordenado entrepiso del lugar donde yo trabajé algún tiempo sobre alguna avenida del barrio de Caballito. Pequeño reducto incrustado en el fondo y oscuro que contenía la luz completa. Una incursión en sus mares desafiaba a los mejores navegantes más experimentados. Sus obtusas cajas polvorientas contenían la magnitud de los eones. Abrazaban la piel dejando un manto seco. Una sensación de quietud y lejanía que giraba en un excéntrico espiral. Era el intestino, donde se alojaban los néctares que alimentaban la actividad comercial de una sociedad necesitada de vida. Allí era donde yo me tenía que internar cuando me encargaban hurgar en los conocimientos ancestrales. Era allí, sí, allí donde me surcaban las ideas mas endemoniadas que acudían a mí como danzas salvajes de notas en una fuga Bachiana. Anhelos de libertad para dedicar el tiempo al mayor matador de todos los tiempos, un matador dividido en ocho por ocho como octavas musicales, donde se componen las obras más trascendentes y hasta las mas efímeras, como salidas de un ataque de delirio febril en una de las tantas gripes del húmedo invierno de Buenos Aires. Eran esos maravillosos y femeninos tentáculos que me fueron abrazando, acariciándome con sus ideas, algunas posicionales, otras llenas de dinamismo, acicalándome con sus victorias, abofeteándome con sus derrotas, pero al fin esos fuertes brazos con los que ella me fue sujetando para soltarme en el interior de sus laberintos escaquéanos donde la brújula no encuentra el norte, el tiempo se ha dormido y la luz está atrapada, por la inmensa gravedad de su agujero negro central. Miro a la última fila, y sólo encuentro a la primera, cual burla circular del todo infinita. Que pócima nos embriaga a recorrer sus caminos, a creernos dioses gobernando sus destinos, y ya el pequeño Georgie a todos lo confiesa: "¿qué Dios detrás de Dios la trama empieza, de polvo y tiempo y agonía?".


Allí donde el alfa se confunde con el omega, la oscuridad con las estrellas, o tal vez el silencio absoluto con un tango. Es allí, en ese límite donde han coqueteado con la locura muchos mortales, y hasta algunos semidioses, de esta mitología sin nombre. ¿Acaso notamos la diferencia entre el séptimo y el noveno círculo de Dante cuando Caissa te ha besado? El fuego de esta galaxia perdurará, tal vez. Pero tu nombre que abarca de la primera a la última letra jamás se extinguirá, Ajedrez!

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